martes, 27 de enero de 2026

Mi artículo de hoy: Duarte: "unidos somos invencibles"

Por Roberto Valenzuela

 Juan Pablo Duarte fue, sin duda, un genio adelantado a su tiempo. Su

pensamiento político y moral no sólo dio origen a la República Dominicana,

sino que dejó advertencias claras sobre los peligros que acechan a los pueblos

que se dividen. Una de las más contundentes fue su convicción de que una

nación fragmentada, como ocurrió en Haití, estaba condenada a la miseria

permanente.

Duarte observó con atención la experiencia haitiana. A pesar de haber logrado

una hazaña histórica —ser la segunda nación independiente de América y la

primera república negra del mundo— Haití no logró consolidar un proyecto

nacional estable. Las divisiones políticas y la ambición de pequeños grupos de

poder impidieron que un país rico en minería, tierras fértiles, ríos, montañas,

costas, bellas playas pudiera desarrollarse plenamente. En lugar de progreso,

prevaleció la autodestrucción.

La historia lo confirma. El 22 de septiembre de 1804, el general Jean-Jacques

Dessalines se proclamó dizque “emperador” con el nombre de “Jacques I”,

instaurando una monarquía autoritaria. Su mandato fue breve: el 17 de octubre

de 1806 fue traicionado y asesinado, por Alexandre Pétion y Henri Christophe.

 Tras su muerte, el país se partió en dos: Christophe estableció un supuesto

“reino” (se proclamó “rey”) en el Norte y Pétion, una república (se proclamó

“presidente”) en el Sur. Desde entonces, la fragmentación ha marcado el

destino haitiano, con una élite reducida concentrando la riqueza y una mayoría

sumida en la pobreza extrema.

Ese ejemplo fue una advertencia para Duarte. Por eso sostuvo que la

República Dominicana no podía imitar a Haití, pues los pueblos divididos

“caminan hacia la ruina y son juguete de las pasiones y de la ambición de unos

pocos”. Su llamado a la unidad fue reiterado, memorablemente, cuando en

Puerto Plata exhortó a los dominicanos a permanecer unidos si querían ser

felices y libres, evitando el fraccionamiento regional que había destruido a la

nación vecina.

Hoy, cuando celebramos el natalicio de Duarte, ese mensaje conserva una

vigencia inquietante. En tiempos recientes, una serie de hechos —no siempre

aislados— han intentado proyectar la imagen de una República Dominicana

caótica, insegura y sin control. Informaciones falsas sobre supuestos bloqueos

de pandillas en la frontera, ataques simbólicos a nuestros emblemas patrios,


intentos burlescos de distorsionar el Himno Nacional, rumores alarmistas tras la

desaparición de niños que luego fueron desmentidos por las autoridades, y

denuncias amplificadas con fines internacionales, parecen tener un hilo

conductor: erosionar la estabilidad, la identidad y la imagen del país.

No se trata de negar problemas reales ni de cerrar los ojos ante desafíos

legítimos, sino de comprender que la desinformación, la manipulación y el

irrespeto a los símbolos nacionales debilitan a la Nación desde dentro. Duarte

lo entendió con claridad meridiana: sin unidad, no hay República posible.

Este 26 de enero no debe ser solo una fecha para discursos y homenajes

formales, sino un momento de reflexión profunda. Defender la verdad, proteger

nuestros símbolos, actuar con responsabilidad y mantener la cohesión nacional

es, hoy más que nunca, un deber patriótico.

Como advirtió Juan Pablo Duarte, “Unidos somos invencibles”. ¡����✨

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