La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se vendió como una aventura de un fin de semana, “un paseo en bicicleta”. Pero los iraníes han resultado más duros de lo esperado, y a un mes y dos días del inicio del conflicto resisten y provocan serios daños a sus atacantes.
Hasta hoy, EE. UU. e Israel no han conseguido ninguno de los objetivos planteado, pues no se ha producido un cambio de régimen, no han mermado la capacidad misilística de Irán, ni destruido su arsenal nuclear (si es que existe). Irán controla el estratégico estrecho de Ormuz y hasta cobran peaje para dejar pasar a quienes ellos decidan. Algunos analistas entienden que la sola resistencia por 32 días ya es un triunfo para los persas y un costo demasiado elevado para Trump, tanto política como económicamente.
Este martes se han visto algunos indicios de que el conflicto podría estar llegando a su fin, según algunos analistas. Ojalá sea cierto, por el bien de la humanidad. Ya Trump le había dicho a Europa que vayan ellos a abrir el estrecho de Ormuz, dejando entrever que sus tropas podrían retirarse aún sin haber logrado restablecer el cruce por esa zona, pero hoy le dijo a The New York Post que “no vamos a estar allí mucho más tiempo”. Mientras, el presidente iraní dijo que Irán estaría dispuesto a negociar el fin del conflicto. Otros entienden que el conflicto podría extenderse varios meses más.
Irán ha sido bastante preciso al momento de responder los golpes recibidos. Su doctrina estratégica se basa en respuestas calibradas, consciente de que desarrolla una guerra asimétrica contra enemigos mucho más poderosos, y eso le ha dado resultado.
Es cierto que la guerra ha significado un enorme sacrificio para Irán, desde el aniquilamiento de su líder religioso, el ayatola Alí Jameni, y numerosos jefes militares, además de miles de civiles y cuantiosos daños materiales. Pero sigue dando batalla.
Usando drones que cuestan una fracción de los misiles necesarios para interceptarlos, los iraníes han puesto en apuros a Israel, ha logrado penetrar la cúpula de hierro, que hasta ahora se consideraba infalible. Misiles iraníes han provocado graves daños en Tel Aviv y otras ciudades importantes como Haifa. Han causado daños a empresas tecnológicas, a infraestructuras militares.
Los misiles y drones iraníes también han impactado varias de las bases militares estadounidenses en los países del golfo Pérsico y en Arabia Saudita, donde, según CNN y otros medios, fue destruido un avión radar avión E-3 Sentry de alerta temprana y control aerotransportado valorado en más de 700 millones de dólares.
Pero el arma más poderosa de los iraníes ha sido el cierre controlado del estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 20 por ciento del petróleo que se consume a nivel global, gran parte del gas natural, fertilizantes y otros derivados de los hidrocarburos.
Contrario a lo que esperaban Trump y Netanyahu, el costo de la guerra contra Irán ha sido más elevado de lo ellos esperaban.
De hecho, las economías de los tres países: EE. UU., Israel e Irán quedarán peor de lo que estaban antes de que se lanzara el primer misil contra Teherán. El mundo es hoy menos seguro. Irán sigue siendo Irán y Estados Unidos logró algo que hasta ahora se consideraba impensable: que Europa le diera la espalda.
Estados Unidos es y seguirá siendo una gran potencia, pero a un mes del inicio de la guerra, la potencia del Norte es menos poderosa y determinante que ayer y ya no puede imponer reglas al resto del mundo. Israel, a su vez, probó de su propia medicina y ya no se siente tan invulnerable. Y todo en un mes, y todo gracias a la “genialidad” de Trump y su equipo.
Por suerte para todos, noviembre se acerca.
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