Imágenes satelitales de las destrucciones causadas por ataques de represalia iraníes contra la base Rey Faisal de Jordania, que alberga fuerzas estadounidenses.
Varios militares estadounidenses resultaron heridos en ataques de represalia iraníes contra bases militares de Estados Unidos en Jordania durante esta semana.
Según informaron varios funcionarios estadounidenses a CBS News bajo condición de anonimato, Irán atacó al menos dos bases jordanas esta semana, causando heridas a varios militares estadounidenses después de que sus instalaciones fueran alcanzadas.
Hasta el momento, no se han reportado fallecidos entre los estadounidenses ni los jordanos, mientras que la gravedad de las heridas de los afectados aún no ha sido determinada.
Los aviones de combate estadounidenses utilizan con frecuencia instalaciones militares jordanas.
La CIA admite que carece de pruebas de fraude electrónico en Venezuela y descarta que Caracas pueda amañar votaciones fuera de su territorio; el discurso presidencial del jueves tergiversó esas conclusiones.
El presidente Donald Trump presenta como prueba de fraude en Venezuela unos documentos de la CIA que admiten no haber confirmado manipulación alguna. | Foto: EFE
En su discurso de la Unión del jueves por la noche, el presidente estadounidenseDonald Trumppresentó un paquete de documentos de inteligencia desclasificados como prueba de un supuestofraude electrónicoenVenezueladurante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. El material, difundido por laCasa Blanca, contradice la denuncia.
El mandatario aseguró que la alocución buscaba reforzar la confianza de la ciudadanía en las elecciones de su país, aunque varios medios norteamericanos coincidieron en que dedicó buena parte de la intervención a socavarlas. La misma distancia aparece entre sus afirmaciones y el contenido de los archivos que exhibió.
La nota de la CIA, fechada el 29 de junio, reconoce que «otros factores explican mejor los resultados electorales» en Venezuela y que sus fuentes eran limitadas. | Foto: Captura de pantalla
La pieza central del paquete es una nota de la CIA fechada el 29 de junio, que evalúa la información reunida durante casi dos décadas sobre las posibilidades del Gobierno venezolano de intervenir sus comicios mediante la tecnología de las máquinas de votación. Entre 2004 y 2020, esos reportes registraron «preocupaciones persistentes» en torno a la manipulación de los sistemas de votación electrónica, sin comprobación, señala The Washington Post.
Lo que admite el propio informe
Sobre esas sospechas, la agencia «no confirmó de manera definitiva que se haya ejecutado un fraude electrónico a gran escala en elecciones venezolanas específicas», y su evaluación de línea base sostenía que «otros factores explican mejor los resultados electorales». El documento atribuía a los funcionarios venezolanos «cierta capacidad para manipular los sistemas de voto electrónico», sin prueba de que esa tecnología —obra sobre todo de la firma Smartmatic— se hubiera empleado para torcer votación alguna.
Los indicios sobre técnicas avanzadas, añade el informe, provenían de «fuentes limitadas», y las vulnerabilidades detectadas quedaban en el plano teórico. Otra de sus conclusiones mira fuera del territorio venezolano.
La prensa estadounidense desmonta el relato presidencial; The Washington Post califica como obsesión lo que Trump demuestra como un fraude, y que su propia CIA admite no haber confirmado. | Foto: Captura de X
El análisis descarta que Caracas pudiera amañar votaciones en el exterior. «Ni Smartmatic ni el Gobierno venezolano tenían la capacidad de manipular el resultado de unas elecciones fuera de Venezuela», señala el texto, según reseñó el diario The New York Times. La precisión alcanza de lleno a una teoría que el entorno de Trump difunde desde hace seis años.
Esa versión nació en los días posteriores a los comicios estadounidenses de 2020, cuando los abogados Rudy Giuliani y Sidney Powell acusaron a la fabricante de máquinas Dominion Voting Systems y a Smartmatic de ser, en secreto, empresas venezolanas dedicadas —supuestamente— a alterar votos para favorecer al comandante Chávez, y de haber propiciado mediante una programación oculta el triunfo de Joe Biden. The Washington Post recuerda que, hasta hoy, ni Trump ni sus aliados han aportado evidencia de que Venezuela interviniera en una votación de Estados Unidos.
Ese vacío quedó registrado por escrito dentro del aparato de inteligencia. Un informe de 2021 concluyó que «no hay información que sugiera que los regímenes venezolanos actuales o anteriores estuvieran involucrados en intentos de comprometer la infraestructura electoral de EE.UU.». Lo firmó John Ratcliffe, director de inteligencia nacional designado por el mismo Trump.
Las palabras contra el expediente
El jueves, el mandatario volvió sobre esa tesis. Aseguró haber publicado «documentos que demuestran que la CIA obtuvo información sobre un complot específico para manipular los resultados» en beneficio del Gobierno de Nicolás Maduro, y remató que «eso es exactamente lo que ocurrió» en las elecciones venezolanas de 2020, con métodos diseñados para alterar los recuentos sin dejar rastro. The New York Times calificó esas afirmaciones como una tergiversación de las conclusiones de su propia central de inteligencia.
Donde el expediente habla de sospechas sin confirmar, el discurso proclama certezas; donde la CIA descarta pruebas, la Casa Blanca anuncia demostraciones. Una acusación sostenida durante seis años, negada por los papeles que debían probarla, queda reducida a propaganda.
La fórmula alcanza a otras capitales. En la misma alocución, Trump calificó de «adversarios» a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, y les atribuyó capacidad para comprometer la «infraestructura electoral» estadounidense.
La respuesta del Kremlin repite el eje del caso venezolano. Su portavoz, Dmitri Peskov, declaró que el mandatario se apoya en «información anónima y sin fundamento» de las agencias de inteligencia, recordó que varias investigaciones de ese país concluyeron que Rusia «no tuvo influencia» en sus elecciones y aseguró que Moscú jamás interfiere en asuntos internos ajenos, trato que espera de las demás naciones.
Miguel Díaz-Canel define alianza de la ultraderecha promovida por EE.UU. como una regresión al macartismo, así como un intento por ocultar los crímenes del imperialismo y crear la justificación para perpetrar mayores agresiones
El jefe de Estado cubano afirmó que «el verdadero peligro para la humanidad es la filosofía del despojo que dicta las acciones de guerra de la ultraderecha transnacional». Foto: EFE
Elpresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, denunció este viernes queEE.UU. promueve una alianza de ultraderechapara arremeter contra una supuesta «izquierda radical» global —a la que responsabiliza deactos violentos contra Occidente—, y que para ellola Casa Blanca apela a una narrativa engañosa, que oculta sus crímenes y sentaría la justificación para perpetrar nuevos atropellos y mayores agresiones contra los pueblos.
A través de sus redes, el jefe de Estado aseveró que «el verdadero peligro para la humanidad es la filosofía del despojo que dicta las acciones de guerra de la ultraderecha transnacional«. Agregó que la alianza de ultraderecha supone «una nueva y más peligrosa versión del macartismo» y recuerda «al fascismo hitleriano o la tenebrosa Operación Cóndor«.
Aludía de este modo al discurso pronunciado el miércoles por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien catalogó a la izquierda radical como una amenaza a la civilización, la acusó de promover el terrorismo y la declaró uno de los principales objetivos de la política de seguridad de la Administración Trump, todo un acto de cinismo viniendo del país que encarna la principal fuente de terrorismo de Estado en el hemisferio occidental.
El Presidente cubano recordó que la derecha imperial y sus acólitos son «peligrosamente radicales» y responsables de numerosos crímenes, entre ellos el genocidio en Gaza, los asesinatos extrajudiciales —como las ejecuciones en alta mar de presuntos narcotraficantes, cuyas vidas EE.UU. no ha respetado—, la cacería, tortura y asesinato de migrantes en ese país, el bloqueo contra el pueblo cubano y el bombardeo contra un colegio de niñas en la ciudad iraní de Minab, con saldo de 168 menores de edad y 12 adultos, entre maestros y familiares, asesinados.
Solo en la Franja de Gaza, con la complicidad de EE.UU. y la anuencia de Gobiernos de derecha como el de Argentina y el entrante en Colombia, el Estado sionista israelí asesinó desde el 7 de octubre de 2023 a 73.250 palestinos y causó heridas a otros 173.751. Bajo los escombros quedan miles de civiles desaparecidos.
En su intervención, Rubio intentó ocultar que su país es el mayor promotor de actos terroristas y agresiones contra otros. Un total de 3.478 cubanos han muerto y 2.099 quedaron lesionados con discapacidad a causa de actos terroristas y de agresión organizados o financiados desde territorio de EE.UU.
Acusó a Gobiernos, centros de pensamiento, universidades y medios de minimizar la presunta amenaza de la izquierda radical. Llamó la atención su mención a actores que han sido críticos con el autoritarismo, el intervencionismo y el uso de la fuerza que caracterizan a la Administración Trump, por lo que el lanzamiento de esta alianza podría configurar un intento de silenciarlos.
Sin presentar evidencia, en un intento por vincular a la izquierda global con la violencia y la crispación en su país, Rubio dijo que en EE.UU. los ataques y complots atribuidos a grupos de izquierda han alcanzado niveles no vistos en décadas.
Entre otras falsedades, refirió que las distintas expresiones de la izquierda radical —»anticapitalista, antiimperialista, comunista, anarquista o marxista», dijo— comparten una misma naturaleza, que describió como «un resentimiento venenoso disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación». Añadió que el comunismo no se mueve por ideales de justicia, sino por el odio y la incapacidad.
El discurso de Rubio siguió un patrón conocido: crear una amenaza existencial para que la opinión pública se enfoque en ella y que la Administración Trump no rinda cuenta por exabruptos como la agresión contra Irán —con saldo de más de 3.500 iraníes mártires desde el 28 de febrero a la fecha— o la represión contra migrantes, así como el desgaste político de su gestión.
Meses atrás el propio Trump arremetió contra el Partido Demócrata, al que calificó como principal enemigo del país, y ahora su Administración carga contra la izquierda o contra otros Gobiernos, como ocurre con las acusaciones a Rusia y China por presunta interferencia en las elecciones de 2020, que ganó Joe Biden. Trump nunca pudo probar que en esa ocasión se cometió fraude electoral, pero persiste en la narrativa de que fue despojado de la Presidencia y que hubo irregularidades, pese a que no lo demostró en las cortes ni tampoco lo sustentan los informes de las agencias de inteligencia domésticas.
Pese al déficit argumentativo, inflamó a parte de sus seguidores e incitó a un autogolpe de Estado a través del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021. Ahora, esta vez contra la izquierda global, repite mentiras para intentar convertirlas en verdad.