Roberto Valenzuela
La persecución penal en la República Dominicana permanece, sin excepción,
bajo el control absoluto del Ministerio Público. El surgimiento del Ministerio de
Justicia no altera ese principio, sino que viene a llenar un vacío histórico: la
República Dominicana era la única nación de la región que carecía de esta
entidad, pese a que desde su primera Constitución se concibió la existencia de
un Ministerio de Justicia.
En ese contexto, el Dr. Antoliano Peralta Romero ha señalado —incluso en
tono de broma— que no puede atribuirse el mérito de ser el primer ministro de
Justicia de la historia nacional. Y tiene razón. El Ministerio de Justicia no es una
creación inédita ni una figura novedosa en el ordenamiento institucional
dominicano.
Conviene recordarlo con claridad: el Ministerio de Justicia ha existido en el país
desde la fundación de la República en 1844, cuando operaba bajo la
denominación de “Ministerio de Justicia e Instrucción Pública”. Por tanto,
cuando el presidente Luis Abinader somete al Congreso la iniciativa para su
restablecimiento, aun reconociendo el valor político de impulsarla, no se trata
de un descubrimiento institucional, sino de la recuperación de una figura
histórica del Estado dominicano.
El Ministerio de Justicia se mantuvo vigente hasta uno de los gobiernos más
progresistas del país, el encabezado por Juan Bosch. El golpe de Estado de
1963 y el posterior gobierno del Triunvirato desmantelaron las reformas
impulsadas en ese período, incluyendo la desaparición del Ministerio de
Justicia.
En la misma línea, las funciones registrales y administrativas que ahora se
transfiere al Ministerio de Justicia no constituyen atribuciones nuevas ni ajenas
a su naturaleza. Por el contrario, se trata de competencias que históricamente
siempre estuvieron bajo la tutela del Ministerio de Justicia y que, al ser
asumidas por el Ministerio Público, terminaron distrayéndolo de sus funciones
esenciales.
Desde esta perspectiva, la Ley núm. 80-25, Ley Orgánica del Ministerio de
Justicia, no debilita al Ministerio Público, sino que lo fortalece, al tiempo que
representa un avance en la independencia del Poder Judicial.
Es importante subrayar que el recién creado Ministerio de Justicia no tendrá
atribuciones jurisdiccionales ni funciones de juzgamiento. Es decir, no
interviene en las decisiones de jueces y fiscales. Su misión se circunscribe a la
formulación y coordinación de políticas públicas orientadas al fortalecimiento y
la mejora integral del sistema de justicia, dentro del marco de las competencias
que la Constitución y las leyes asignan al Poder Ejecutivo.
Las dependencias que pasarán a su tutela continuarán operando con el mismo
presupuesto y personal, garantizando la continuidad y mejora de los servicios
ofrecidos tanto a la comunidad jurídica como a la ciudadanía en general. Entre
las atribuciones que asumirá se encuentra el sistema penitenciario,
anteriormente bajo la dependencia del Ministerio Público.
Asimismo, el Ministerio de Justicia asumirá competencias en materia de
derechos humanos y funciones registrales, incluyendo registros y
certificaciones de documentos oficiales y notariales, así como la inscripción de
organizaciones sin fines de lucro, responsabilidades que también se
encontraban bajo la órbita del Ministerio Público.
La nueva entidad tendrá a su cargo la representación y defensa del Estado
ante los estamentos judiciales, con la exclusión expresa de la materia penal,
que seguirá siendo competencia exclusiva del Ministerio Público. En
consecuencia, el Ministerio de Justicia no juzga ni persigue delitos penales,
incluyendo los relacionados con la corrupción.
Tras la última reforma constitucional, la figura del “procurador general
administrativo” pasó a denominarse “abogado de la administración pública”,
quedando adscrita al Ministerio de Justicia. La Oficina de la Abogacía del
Estado contará con profesionales competentes y especializados, atendiendo a
una debilidad histórica del Estado dominicano en la defensa de sus intereses
frente a demandas judiciales.
El Ministerio de Justicia tendrá representación en el Consejo del Instituto
Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) y en el Consejo Nacional contra el
Lavado de Activos. En este último caso con representación directa del
ministro. También asumirá la defensa del Estado dominicano ante tribunales
internacionales, función que hasta ahora estaba bajo la tutela de la Consultoría
Jurídica del Poder Ejecutivo.
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