EE.UU. e Israel destruyen el Instituto Pasteur de Irán, centenario centro biomédico y patrimonio nacional, en un ataque calificado de crimen de guerra.
Por: Yousef Ramazani
El 2 de abril, aviones de guerra estadounidenses e israelíes atacaron deliberadamente el Instituto Pasteur de Irán en el centro de Teherán, un centro de investigación biomédica con 105 años de historia y considerado patrimonio nacional.
En cuestión de minutos, laboratorios que habían producido vacunas salvavidas durante generaciones quedaron reducidos a escombros. Expertos legales internacionales condenaron el ataque como un crimen de guerra y un atentado contra los fundamentos de la soberanía en salud pública.
La agresión en curso de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya entra en su sexta semana, ha dado un giro oscuro y explícito con ataques dirigidos a centros científicos y académicos.
La guerra —sin provocación ni justificación— se ha expandido a una campaña sistemática contra la infraestructura civil del país, con especial énfasis en salud, producción farmacéutica e investigación médica.
El ataque al Instituto Pasteur, una de las instituciones de salud pública más antiguas y prestigiosas de Asia Occidental, representa una escalada significativa en esta guerra de agresión.
Según expertos, no se trata solo de un ataque a un edificio público, sino de un asalto a un siglo de logros científicos, al derecho de la nación a producir sus propios medicamentos y vacunas, y a los principios del derecho internacional humanitario que distinguen objetivos civiles de militares.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado más de veinte ataques a instalaciones sanitarias iraníes desde el 1 de marzo, con numerosas víctimas.
El patrón es claro: se trata de una estrategia deliberada para desmantelar la infraestructura sanitaria de Irán, privar a su población de medicamentos esenciales y utilizar la enfermedad y el sufrimiento como arma para objetivos políticos.
Legado centenario del Instituto Pasteur de Irán
Fundado el 10 de agosto de 1921 mediante un acuerdo entre el gobierno iraní y el Institut Pasteur de París, tras la devastadora pandemia de influenza de 1918–1919, el instituto se convirtió en el décimo miembro de la red internacional Pasteur dedicada a combatir enfermedades infecciosas.
Durante más de un siglo, fue columna vertebral del sistema de salud pública iraní, produciendo vacunas contra viruela, cólera, tifoidea, tuberculosis, rabia y hepatitis B, y formando generaciones de científicos en bacteriología, virología, parasitología e inmunología.
Bajo la dirección de Marcel Baltazard en la década de 1950, sus investigadores demostraron que los roedores silvestres, y no las ratas, eran los reservorios naturales de la peste bubónica, cambiando la investigación epidemiológica mundial.
Su protocolo de suero-vacuna contra la rabia, desarrollado tras un ataque de lobos en un pueblo kurdo, estableció estándares globales. Su vacuna BCG contra la tuberculosis llegó a millones de niños en varios países. En 1973, fue designado centro colaborador de la OMS para investigación y control de la rabia.
En el siglo XXI, el instituto se expandió a biotecnología e ingeniería genética, produciendo vacunas recombinantes contra la hepatitis B. Durante la pandemia de COVID-19, fue el laboratorio nacional de referencia para SARS-CoV-2 y fabricó PastoCovac y PastoCovac Plus junto al Instituto Finlay de Cuba, distribuyendo unos 15 millones de dosis internamente.
Para 2024, empleaba alrededor de 1300 personas, incluyendo 300 científicos con doctorado o maestría, operaba 28 departamentos y cinco sedes, ofrecía programas de doctorado en biotecnología médica y publicaba revistas de acceso abierto de nivel internacional.
El 8 de junio de 2020, el edificio del Instituto Pasteur en el barrio Azerbaiyán de Teherán fue registrado en el Patrimonio Nacional de Irán (n.º 33248), reconociendo su valor arquitectónico e histórico.
No era solo un laboratorio, sino un museo vivo de la modernización científica iraní y símbolo de la capacidad soberana del país en salud pública, pese a intervenciones extranjeras, sanciones y ahora agresión militar directa.
Ataque estadounidense-israelí
El 2 de abril de 2026, aviones estadounidenses e israelíes ejecutaron un ataque deliberado y de precisión contra el complejo del Instituto Pasteur.
Las autoridades iraníes reportaron la destrucción de varios edificios, laboratorios y equipos críticos, paralizando la producción de vacunas, servicios de diagnóstico e investigaciones en curso.
Imágenes compartidas por autoridades, incluyendo al portavoz del Ministerio de Exteriores Esmail Baqai, mostraron destrucción extensa: muros derrumbados, equipos convertidos en metal retorcido y el emblemático edificio parcialmente reducido a escombros.
Milagrosamente, ningún empleado resultó herido, según confirmaron medios locales. Sin embargo, los daños materiales fueron masivos.
Las líneas de producción de vacunas, incluyendo hepatitis B, BCG, rabia y otros productos biológicos esenciales, suspendieron operaciones. El laboratorio de referencia nacional para detección de enfermedades infecciosas quedó inoperativo. Proyectos de investigación en biotecnología médica, microbiología molecular e inmunología, muchos de reconocimiento internacional, fueron abruptamente terminados.
Un oficial estadounidense afirmó que no había objetivos militares cerca del instituto, atribuyendo el ataque al régimen israelí. Sin embargo, expertos consideran que esto no elude la responsabilidad conjunta.
Baqai calificó el ataque como “desgarrador, cruel, despreciable y totalmente indignante”, un “asalto bárbaro a los valores humanos fundamentales” y “otro crimen de guerra en el marco de una guerra ilegal”.
Patrón de ataques a la salud
El ataque no fue aislado. Forma parte de una campaña sistemática de terror contra la infraestructura sanitaria iraní, que se ha intensificado durante las últimas cinco semanas.
Según la OMS, más de 20 instalaciones sanitarias han sido atacadas desde el 1 de marzo, causando múltiples muertes, incluido un trabajador de enfermedades infecciosas y un miembro de la Media Luna Roja iraní.
El 31 de marzo, ataques israelí-estadounidenses dañaron la compañía Tofiq Daru, productora de medicamentos anticáncer y cardiovasculares. El 29 de marzo, el hospital psiquiátrico Delaram Sina en Teherán sufrió daños significativos durante un ataque aéreo. El 21 de marzo, el Hospital Ali en Andimeshk resultó afectado por una explosión. El 2 de marzo, el hospital Gandhi en Teherán fue dañado por ataques a una torre de comunicaciones cercana.
El 3 de abril, un almacén de ayuda de la Media Luna Roja en Bushehr fue alcanzado por drones, destruyendo contenedores y vehículos de emergencia. Ese mismo día, un centro de plasma de la Universidad Beheshti fue atacado.
Desde el 28 de febrero, la Media Luna Roja iraní reporta 307 instalaciones de salud, médicas y de emergencia dañadas.
El patrón es deliberado: busca desmantelar la infraestructura sanitaria, privar a la población de medicamentos esenciales y crear una catástrofe humanitaria para presionar al gobierno iraní.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, escribió en X: “¿Qué mensaje transmite atacar hospitales, compañías farmacéuticas y el Instituto Pasteur como centro de investigación médica en Irán?”
Como médico, urgió a la OMS, Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y a médicos de todo el mundo a “responder a este crimen contra la humanidad”.
Derecho internacional y el crimen de atacar la salud
Según los Convenios de Ginebra y el derecho internacional humanitario consuetudinario, las instalaciones médicas, los centros de investigación en salud pública y los objetos civiles están protegidos frente a ataques, salvo que se utilicen con fines militares y el daño a civiles no sea excesivo en relación con la ventaja militar concreta esperada.
Los principios de distinción, proporcionalidad y precaución son fundamentales en las leyes de conflicto armado.
No se ha presentado evidencia pública creíble por parte de Estados Unidos o del régimen israelí que sugiera que el Instituto Pasteur albergara activos militares. Operó de manera transparente durante más de un siglo como institución biomédica civil, sin función militar ni valor estratégico, careciendo de justificación para ser atacado.
Destruir un centro de investigación productor de vacunas durante un conflicto armado provoca daños civiles generalizados al socavar el control de enfermedades y las cadenas de suministro farmacéutico, precisamente las consecuencias que el derecho internacional humanitario busca prevenir.
El 2 de abril de 2026, más de cien expertos en derecho internacional con base en EE.UU., incluidos profesores de Yale, Harvard y Stanford, exasesores legales del Departamento de Estado y militares retirados, advirtieron en una carta abierta que los ataques de EE. UU. y sus aliados en Irán suscitan “serias preocupaciones sobre violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos crímenes de guerra”.
La carta señalaba ataques a infraestructura civil como hospitales, escuelas y centrales energéticas, violando la obligación de distinguir entre objetivos militares y civiles. También cuestionaba que el recurso inicial a la fuerza violó la Carta de la ONU, prohibiendo el uso de la fuerza sin defensa propia ante un ataque inminente o autorización del Consejo de Seguridad.
Organizaciones de derechos humanos y funcionarios de la ONU han reiterado que el ataque deliberado o imprudente a la infraestructura médica puede constituir un crimen de guerra bajo el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
El ataque al Instituto Pasteur ejemplifica una erosión más amplia de las protecciones a activos científicos y sanitarios civiles en la guerra moderna, responsabilidad directa de EE.UU. e Israel.
Culturicidio: destrucción de un patrimonio nacional
El ataque al Instituto Pasteur constituye lo que los juristas denominan “culturicidio”, la destrucción deliberada del patrimonio cultural nacional.
El edificio fue inscrito en el Registro del Patrimonio Nacional de Irán en junio de 2020, reconociendo su valor arquitectónico e histórico como símbolo de la modernización científica del país. Su destrucción no es solo un ataque físico, sino un asalto a la memoria colectiva e identidad del pueblo iraní.
Representaba un capítulo único de cooperación científica iraní-francesa y un testimonio del poder del conocimiento para trascender fronteras políticas. Sus laboratorios formaron generaciones de médicos e investigadores iraníes, muchos de los cuales lideraron iniciativas de salud pública en todo el país. Sus archivos contenían registros epidemiológicos irremplazables que abarcan desde brotes de peste en los años 40 hasta la pandemia de COVID-19.
El targeting de patrimonio cultural está prohibido por la Convención de La Haya de 1954 para la Protección de Bienes Culturales en Conflicto Armado, ratificada por EE.UU. e Israel, constituyendo así una violación adicional del derecho internacional.
Respuesta global y determinación de Irán
La respuesta internacional ha sido de consternación y condena. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que dos departamentos del instituto trabajaban estrechamente con la OMS y que la guerra “afecta la prestación de servicios de salud y la seguridad de trabajadores sanitarios, pacientes y civiles en instalaciones de salud”.
La Media Luna Roja iraní ha solicitado protección para trabajadores humanitarios, ambulancias, suministros y centros humanitarios. Sin embargo, estas preocupaciones no se han traducido en acciones: ningún gobierno occidental ha suspendido cooperación militar con EE.UU. o Israel, y no se ha convocado tribunal internacional para investigar el bombardeo.
Irán, sin embargo, ha mostrado notable resiliencia. A pesar de la destrucción de su principal instituto de investigación, las autoridades confirmaron que la producción de vacunas y sueros continuará mediante instalaciones alternativas. “Los servicios del Instituto Pasteur de Irán no han sido interrumpidos por estos ataques”, reportaron medios locales.
Esta determinación refleja el mismo espíritu que permitió al instituto sobrevivir durante un siglo de desafíos: desde la pandemia de influenza de 1918 hasta COVID-19, desde la Revolución Islámica de 1979 hasta sanciones occidentales.
Crimen contra la ciencia y la humanidad
El bombardeo del Instituto Pasteur de Irán el 2 de abril de 2026 será recordado como uno de los ataques más graves a la infraestructura científica civil del siglo XXI.
Es un crimen no solo contra Irán y su patrimonio, sino contra los valores universales de la ciencia, la salud pública y la dignidad humana. Durante 105 años, el instituto produjo vacunas que salvaron innumerables vidas, formó investigadores que avanzaron el conocimiento y se erigió como faro de cooperación internacional frente a enfermedades infecciosas.
En minutos, bombas estadounidenses e israelíes borraron gran parte de ese legado. Este ataque no es aislado, sino parte de una campaña sistemática contra la infraestructura sanitaria iraní, incluyendo hospitales, fábricas farmacéuticas, hospitales psiquiátricos y almacenes de la Media Luna Roja.
Es una estrategia de castigo colectivo, diseñada para infligir sufrimiento máximo y quebrar la voluntad de resistencia del pueblo iraní. Viola todos los principios del derecho internacional humanitario, desde la distinción entre objetivos civiles y militares hasta la protección del patrimonio cultural.
Mientras se retira el escombro del Instituto Pasteur y comienza la reconstrucción, el pueblo iraní no olvidará lo sucedido, y la comunidad internacional deberá responder: ¿cuántos hospitales, centros de investigación y siglos de logro científico deben ser destruidos antes de que se reconozca el bombardeo de infraestructura civil como crimen de guerra?
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
No hay comentarios:
Publicar un comentario