En los tiempos actuales el denominado polvo de Sahara se ha puesto muy de moda. Ya cualquier alergia o virus gripal se lo achacan a las minúsculas arenillas que supuestamente nos llegan desde África, transportadas por los vientos sobre el océano Atlántico desde más de 5,500 kilómetros.
Y el dominicano es tan ingenioso que hasta doble sentido le ha sacado con eso del “polvo de Sarah” (bulying a costa de las mujeres que llevan ese nombre).
Médicos especialistas en enfermedades virales se han puesto también a la moda diagnosticando que tal virus fue provocado por el no tan bendito polvo ese. No han faltado informaciones periodísticas que alerten sobre altas cifras de pacientes en emergencias, como asmáticos, con problemas pulmonares, entre otros.
En mis tiempos de escolaridad, tanto en los niveles primarios, intermedios y secundarios, siempre tenía contacto con informaciones acerca de las condiciones del tiempo. Eso se daba lo mismo en el verano, como en cualquier otra estación de finales de los años ’60, las décadas de los ’70 y ya a nivel universitario en la del ‘80.
Que yo recuerde, nunca nadie por radio, televisión o periódico refirió el término polvo del Sahara -ni meteorólogo mucho menos médico- que ahora se dice que comienza a llegar en mayo y se disipa en septiembre. Ah, y hasta se asegura que el polvo ese puede hacer bien o mal a la agricultura. Creo que eso se queda en hipótesis.
La IA va acorde con mis planteamientos. Le inquirí que desde cuándo comenzaron los reportes sobre la incidencia del polvo del Sahara, y esta fue su respuesta: “La meteorología en República Dominicana comenzó a dar informes regulares y alertas tempranas sobre el polvo del Sahara a finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando el avance de la tecnología satelital permitió a la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet) rastrear su trayectoria desde Africa".

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