En el mismo había un juego que consistía
en pasar la pelota antes de que esta explotara en las manos de quien en su
momento la tenía.
En República Dominicana tenemos por
costumbre pasar la pelota cuando esta nos puede explotar en la cara. Cuanto más
caliente está, más rápido se pasa.
Recientemente, en la ciudad de Santiago se
produjo un hecho que ha consternado a todo el país. Se trata del asesinato del
chofer Deivy Carlos Abreu Quezada, quien se desplazaba en un camión recolector
de basura, y que fue perseguido por una turba de motoristas hasta darle alcance
y provocarle heridas que posteriormente le provocaron la muerte.
Se veían venir actos de esta naturaleza
ante la indiferencia de las autoridades llamadas a corregir y regular a los
motoristas que, a la vista de toda la población transitan por las calles
violando toda regla de norma y conducta que rigen a quienes conducimos
vehículos de motor.
Las opiniones en contra de este hecho
corren cual torrente de agua capaz de arrasar con todo a su paso. También, me
sumo a la protesta por tan horrendo crimen, típico de la era de los bárbaros
del siglo V D.C.
En el hecho también está siendo culpado un
reportero que no acudió en ayuda de Abreu Quezada en su agonía, y quien pedía que no le dejaran
morir.
¿Quiénes son los responsables de esta
conducta del reportero?
A menudo veo y escucho a productores de
programas de televisión y noticieros motivar a los ciudadanos a que se
conviertan en reporteros, o mejor dicho corresponsales de estos, grabando con
su teléfono móvil los diferentes hechos ocurridos a nivel nacional.
o afectado en todo caso. Grabar a una
madre llorando la pérdida de su hijo es más comercial que brindarle apoyo en
tan duro momento.
En mis años como reportero gráfico de
televisión hice lo mismo, por lo que hago un mea culpa por lo ocurrido en
Santiago. Nunca fuimos orientados en socorrer antes que grabar. Al contrario,
si no llevábamos las imágenes éramos amenazados con ser cancelados del medio
para el que servíamos.
Hoy nos corresponde asumir la
responsabilidad de actuar como entes protagonistas de las desgracias de los
demás a nuestra conveniencia, y no pasar la pelota caliente a otros que solo
han aprendido del morbo que nos han enseñado. Por los casos que de manera
cotidiana se suben a las redes sociales, todo indica que vender es más
importante que socorrer.
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