lunes, 27 de abril de 2026

Una sociedad de “sálvese quien pueda”

Por Enoc Díaz

En la década de los años ´90, cuando el tiempo me lo permitía sintonizaba en televisión el programa de concursos El gran juego de la Oca. Era transmitido desde Madrid, España, y retransmitido por un canal local.

En el mismo había un juego que consistía en pasar la pelota antes de que esta explotara en las manos de quien en su momento la tenía.

En República Dominicana tenemos por costumbre pasar la pelota cuando esta nos puede explotar en la cara. Cuanto más caliente está, más rápido se pasa.

Recientemente, en la ciudad de Santiago se produjo un hecho que ha consternado a todo el país. Se trata del asesinato del chofer Deivy Carlos Abreu Quezada, quien se desplazaba en un camión recolector de basura, y que fue perseguido por una turba de motoristas hasta darle alcance y provocarle heridas que posteriormente le provocaron la muerte.

Los primeros informes dan cuenta que la causa fue el roce del camión a la motocicleta que conducía uno de los participantes en el crimen. Además, que pese a los ruegos de Abreu Quezada en su desesperación por escapar de la turba, nadie salió en su defensa, ni siquiera agentes
 policiales del destacamento en el que vociferó que estaba siendo perseguido.

Se veían venir actos de esta naturaleza ante la indiferencia de las autoridades llamadas a corregir y regular a los motoristas que, a la vista de toda la población transitan por las calles violando toda regla de norma y conducta que rigen a quienes conducimos vehículos de motor.

Las opiniones en contra de este hecho corren cual torrente de agua capaz de arrasar con todo a su paso. También, me sumo a la protesta por tan horrendo crimen, típico de la era de los bárbaros del siglo V D.C.

En el hecho también está siendo culpado un reportero que no acudió en ayuda de Abreu Quezada en su agonía, y quien pedía que no le dejaran morir.

¿Quiénes son los responsables de esta conducta del reportero?

A menudo veo y escucho a productores de programas de televisión y noticieros motivar a los ciudadanos a que se conviertan en reporteros, o mejor dicho corresponsales de estos, grabando con su teléfono móvil los diferentes hechos ocurridos a nivel nacional.

El morbo de vender noticias ha superado el nivel de sensibilidad que debemos mostrar los ciudadanos ante la calamidad de nuestros semejantes. Grabar el crimen es más importante que socorrer al herido

o afectado en todo caso. Grabar a una madre llorando la pérdida de su hijo es más comercial que brindarle apoyo en tan duro momento.

En mis años como reportero gráfico de televisión hice lo mismo, por lo que hago un mea culpa por lo ocurrido en Santiago. Nunca fuimos orientados en socorrer antes que grabar. Al contrario, si no llevábamos las imágenes éramos amenazados con ser cancelados del medio para el que servíamos.

Hoy nos corresponde asumir la responsabilidad de actuar como entes protagonistas de las desgracias de los demás a nuestra conveniencia, y no pasar la pelota caliente a otros que solo han aprendido del morbo que nos han enseñado. Por los casos que de manera cotidiana se suben a las redes sociales, todo indica que vender es más importante que socorrer.

 

 

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